30 may. 2013

12. LAS SOCIEDADES MUTUALES ENTERRADORAS EN COLOMBIA 1920-1980 (Ensayo)

 Décima segunda entrega del ensayo: ASOCIACIONES MUTUALES. ¿SERÁ EL MUTUALISMO COLOMBIANO UNA ALTERNATIVA REAL PARA LOS SECTORES POBRES Este ensayo del Autor FABIO ALBERTO CORTÉS GUAVITA, se está publicado semanalmente los días jueves por capítulos para su colección.

Siguiendo la obra de Pérez Valencia, asegura Hay una subdivisión de tres etapas del mutualismo, sin entrar a cuestionar o agregar nada nuevo, plantean hipótesis interesantes que se pueden ver mejor con sus propias palabras. Al referirse a la primera etapa se refiere a las mutuales como instrumento político que se verá en detalle más adelante.

Las mutuales que se crearon durante el periodo 1850-1920, estuvieron influenciadas por las experiencias de las sociedades democráticas, fundamentalmente, y aunque los objetivos estaban orientados a utilizar la ayuda mutua y la solidaridad, en función de satisfacer la necesidad de garantizar las exequias y de ayudar en caso de enfermedad, su acción se extendió a apoyar a sus integrantes en casos de exilio, prisión y persecución política, como lo señala e historiador Mauricio Arcila en la Nueva Historia de Colombia (Pérez Valencia, 1991, pág. 199)

En esta segunda etapa, Pérez Valencia considera a las organizaciones mutuales como sociedades enterradoras (1920-1960) fundamentalmente por el poco fomento, utilizadas como el distractor del trabajador frente a la organización sindical y destaca la creación de la Federación de Sociedades Mutuarias en Bogotá como un buen inicio de integración, el inicio de prestación de servicios en atención médica y farmacia, proyectos de clínicas, seguros de vida y exequiales, pero al parecer su aporte central a esta etapa lo vislumbra así:

… se pueden “leer” como el comienzo de un viraje en las tendencias del proceso mutualista, que se va a caracterizar los últimos 10 años (1950-1960); claro que se mantienen para esos años (y permanecerán todavía muchos años más si no se cambian radicalmente las orientaciones actuales), las tendencias que funcionan con sociedades enterradoras; pero lo importante es que comienzan a primar nuevos conceptos del mutualismo. (Pérez Valencia, 1991, pág. 208)

Se han mantenido por muchos años y lo más grave aún es que dicha tendencia las ha llevado a ser enterradoras de su propia organización y del trabajo arduo que desarrollaron quienes fueron pioneros de ese mutualismo “enterrador” que tenía tendencia al cambio, y todo debido a la falta de líderes mutualistas en las diferentes regiones del país y a la falta de doctrina mutualista aplicada como debe ser. (Cortés Guavita, Reinventando el Mutualismo Colombiano, 2008, pág. 22)

El mutualismo se ha teorizado poco (sic) distinto a lo sucedido con el cooperativismo que desde su iniciación se le han formulado principios y ha contado con muchos estudiosos que han reflexionado sobre el sistema. Quizás en otros países el mutualismo haya sido estudiado y explicado, pero en Colombia es poco lo que se ha hecho al respecto. (Vélez, 2000)

Esa ha sido una de las falencias del sector, la Doctrina, siempre que se habla de ella se hace con referencia la doctrina cooperativa y como se verá un poco más adelante los esfuerzos en ese sentido hacen que la AIM tenga una declaración de principios que poco tiene que ver con el mutualismo de América, de otro lado la crisis se debe a la falta de una práctica realmente mutualista empresarial como la que reclamó el Foro “Por un Mutualismo sin Fronteras” reunido en Bogotá el 28 de mayo de 2005 y del cual nació la Confederación de la Mutualidad Colombiana COLOMBIAMUTUAL:

“Que el mutualismo es la expresión más genuina de la solidaridad, en la cual la primacía del hombre y del objeto social sobre el capital, no la excluyen del desarrollo empresarial y el emprendimiento en busca de la riqueza colectiva, que debe solventar las necesidades básicas insatisfechas y las aspiraciones justas del ser humano.” (COLOMBIAMUTUAL, 2005)

Para la tercera etapa planteada por Pérez Valencia y sin desconocer la importancia de los temas tratados y para efectos de lo que se quiere demostrar en este documento se toma como lo esencial, la realización de los dos Congresos desarrollados por el mutualismo colombiano, si bien, como dice el autor, lo de Congreso habría que revaluarlo desde la óptica de la practicidad de lo allí propuesto, la forma en que se hizo y la realidad de hoy, cuando se puede evaluar que pasó después de estos eventos.

No se toma a los Congresos como lo que son: instancias superiores de decisión política de un movimiento, por lo que las conclusiones tienen carácter de mandato. De no corregirse esta desviación, los Congresos, así como los foros, van a seguir siendo espacios de figuración de las “cúpulas” burocratizadas y lugares comunes donde se sacan a ventilar ideas, pero nada más. (Pérez Valencia, 1991, pág. 217)

Hay que estar de acuerdo con el autor cuando plantea que ese primer Congreso es un hito histórico que mostró la capacidad de movilización, participaron en Bogotá en el año 1982 cerca de 200 entidades, pero lamentablemente sus conclusiones no funcionaron, de un lado como anota Pérez por cuanto no había compromiso, las conclusiones no obligaban a nadie y de otro lado no habían terminado seguramente de repartir o publicar tales conclusiones cuando ya estaban en el segundo Congreso en la ciudad de Medellín, en 1983, con 250 delegados de mutuales de Bogotá, Medellín y Cúcuta. Al respecto si se le preguntaran hoy a cualesquiera de los que participaron en tal evento, cuáles de esas conclusiones se desarrollaron, seguramente tendrá una frustración grande al ver que nada se hizo”

Aquí hay que citar de nuevo a Pérez Valencia cuando premonitoriamente afirma:

... desafortunadamente no es así, pues el movimiento ha estado sometido a amenazas y debilidades internas y externas que lo dejan movilizar muy poco, y las cosas dichas, escritas, leídas y aprobadas en el II Congreso, se están quedando allí, en el cuarto de los remordimientos del mutualismo. (Pérez Valencia, 1991, pág. 222)

Eso se decía en 1991 y hoy se puede afirmar categóricamente que para las personas que eligieron en el llamado Comité Nacional Mutualista en 1983, fue más grande el compromiso que la talla de quienes debían cumplirlo y no tuvieron la capacidad para sacar avante propuestas tan importantes como las que se aprobaron y que ellos se comprometieron a desarrollar, aún hoy subsisten pretendiendo ser los adalides de un movimiento que ellos ismo destruyeron con su falta de visión.

Otro hecho destacado por Pérez Valencia, en esta etapa, es la conformación de la Federación de Sociedades Mutuales de Antioquia en los años 1986 y 1987, la cual ha debido enfrentar los mismos problemas de las organizaciones de Bogotá y que dio autor, en referencia a los motivos que no permitieron el funcionamiento de las comisiones de trabajo en el primer Congreso, menos aún el posterior desarrollo de lo ordenado por dicho evento asegura:


... fue su constitución con los presidentes y relatores de las ocho comisiones, pues esto no garantizaba su participación en el trabajo posterior al Congreso: además se propició que explosionaran ciertas contradicciones personales que aún subsisten entre dirigentes, en detrimento del funcionamiento de la llamada Comisión. (Pérez Valencia, 1991, pág. 218)

Próxima entrega "LAS COSTUMBRES Y TRADICIONES IDEOLÓGICAS DE LOS VETERANOS MUTUALISTAS COLOMBIANO DE LOS 80 y 90"



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