25 abr. 2013

7. SOLIDARIDAD CONTRACTUAL ALTERNATIVA MUTUALISTA (Profundizando a E. DURKHEIM)

Séptima entrega del ensayo: ASOCIACIONES MUTUALES. ¿SERÁ EL MUTUALISMO COLOMBIANO UNA ALTERNATIVA REAL PARA LOS SECTORES POBRES Este ensayo del Autor FABIO ALBERTO CORTÉS GUAVITA, se está publicado semanalmente los días jueves por capítulos para su colección.

Retomando a Durkheim, cómo aplicaría el concepto de la solidaridad contractual en el devenir de mutualismo como posibilidad o alternativa para los sectores pobres de la población y como se desenvuelven las relaciones de la división del trabajo. La razón la da Durkheim a continuación:

“En efecto, las relaciones contractuales se desenvuelven, necesariamente, con la división del trabajo, puesto que ésta no es posible sin el cambio del cual el contrato es la forma jurídica. Dicho de otra manera, una de las variantes importantes de la solidaridad orgánica es la que podría llamarse solidaridad contractual. Es, sin duda, falso creer que todas las relaciones sociales pueden reducirse a contrato, tanto más cuanto que el contrato supone algo distinto de lo que por sí sólo implica; existen lazos especiales que tienen su origen en la voluntad de los individuos.”

De acuerdo con estos postulados las relaciones de la división del trabajo en la solidaridad debería tener forma jurídica, eso es el acuerdo solidario devenido del criterio del acto solidario.

No se puede aceptar que toda relación social se reduce a un contrato pues sería desconocer todo lo que debe darse al interior de la organización y al manejo de unas relaciones que deben tener al ser humano por encima del capital económico. Pero si podríamos hablar de un consenso de un cierto género que se expresa en los contratos y que representaría para los asociados un factor importante del consenso general.

Esta premisa debe entenderse de manera integral, es decir, la solidaridad implica responsabilidad y esta engendra la solidaridad. Las personas buscan el apoyo asociativo para resolver conflictos, problemas y estos no pueden quedar ocultos en el ejercicio de la solidaridad, eso no sería responsable con la sociedad.

En este contexto la empresa social y solidaria debe responder a exigencias internas y externas, las primeras de su propia estructura y objetivo y las segundas de los ideales de los asociados. Esto se tiene que integrar de manera solidaria y contractual. El postulado de la igualdad entre los seres humanos plantea como una unidad riesgosa y protectora dos aspectos de aparente contradicción; la competencia y la solidaridad, pero, si tomamos esta última en el sentido contractual comunitario podríamos aplicar la competencia entendida no como la voracidad de los postulados neoliberales sino como la forma de superarse en armonía y ayuda mutua.

Para ver la posibilidad de alcanzar resultados es necesario profundizar a Durkheim cuando afirma en su obra criterios de libertad en lo contractual, en la misma forma que la legislación contempla que el ingreso a las asociaciones mutuales debe ser libre y autónomo y que así mismo su retiro no puede ser coartado por nadie.

Entonces, para que ese resultado se alcance no basta que la autoridad pública vele por el mantenimiento de los compromisos contraídos; es preciso también que, al menos en la mayoría de los casos, sean sostenidos espontáneamente. Si no se observaren los contratos más que por la fuerza o por miedo a la fuerza, la solidaridad contractual sería singularmente precaria. Un orden meramente exterior disimularía mal estados de violencia muy generales para poder ser indefinidamente contenidos. Pero, se dice, a fin de que no sea de temer ese peligro, basta con que los contratos se consientan libremente. (DURKHEIM)


La solidaridad vista como una relación contractual que se resuelve, necesariamente, en la división del trabajo, es algo totalmente racional en una empresa solidaria, entendida como lo decía Emile Durkheim en su obra La División del Trabajo Social, como una parte del derecho y a su vez una parte de la solidaridad orgánica. Las relaciones de la división del trabajo en la solidaridad deben tener forma jurídica, eso es el acuerdo solidario devenido del criterio del acto cooperativo ampliándolo al espectro de todo lo social y solidario, para el caso colombiano.

De esta manera toma forma la idea de ver un mutualismo enmarcado en una teoría sociológica que hace del ser humano la esencia del modelo y se contrapone frontalmente al actual sistema que rige el mundo. Ahora bien, al observar la responsabilidad del Estado.

La responsabilidad del Estado para pagar su deuda social, partiría entonces de entender que la solidaridad tienen momentos o instancias y que el primero de ellos es la caridad, cuando las condiciones de extrema pobreza en nuestro país no permiten romper el círculo vicioso, al no poder adelantar un emprendimiento porque no hay capital semilla, y no poder trabajar por falta de ese emprendimiento, pero no quedarse allí, dar el siguiente paso al permitir el acceso de los pobres al sistema de crédito con un modelo como el de banco de los pobres y apoyar de manera definitiva la creación de pequeños negocios a través de los cual el mutualismo apoye sus asociados y les dé la posibilidad de generar mínimo el empleo del asociado y su núcleo familiar más cercano.

Es pues, la definición de la solidaridad contractual, la que posibilita que el mutualismo en particular y la Economía Solidaria en general pudieran aplicar tales definiciones y conceptos en pro de su propio desarrollo.

Sentada esta definición, diremos que el contrato no se halla plenamente consentido sino cuando los servicios cambiados tienen un valor social equivalente. En esas condiciones, en efecto, recibe uno la cosa que desea y entrega la que proporciona a cambio, en reciprocidad de valores. Este equilibrio de las voluntades, que comprueba y consagra el contrato, se produce, pues, y se mantiene por sí mismo, ya que no es más que una consecuencia y otra forma del equilibrio mismo de las cosas. (DURKHEIM)

Esos “servicios cambiados” estaría plasmados en la definición de mutualismo originada en el decreto 1480 de 1979 cuando dispone que los asociados a una mutual pagan unas contribuciones y que estas no son devolutivas ya que solamente pueden retornarse en servicios, ese es el concepto de la legislación y el espíritu mutualista.


PRÓXIMO CAPÍTULO "GÉNESIS DEL MUTUALISMO."
Publicar un comentario