13 mar. 2008

Mutualismo Méxicano (5)






La propagación de la idea de la asociación*


La propaganda a favor de la asociación y de la formación de sociedades mutualistas y cajas de ahorro se inició, como mencionábamos, en los años 1840, concretamente en los artículos publicados en El Seminario Artístico, durante los años siguientes, hasta la aparición de El Socialista en 1871, en la prensa periódica no se hace una propaganda sistemática a favor de la asociación. Aparecen esporádicamente en los periódicos comerciales, artículos que señalan las ventajas de la asociación (13) o bien noticias pequeñas acerca de la formación de algunas sociedades mutualistas (14) o de la aparición de periódicos de artesanos (15) que, desgraciadamente, no se han conservado.

Durante los primeros años de la propaganda mutualista se resaltan esencialmente dos aspectos benéficos de la asociación, primero: el auxilio que ésta brinda en condiciones tan inestables como las que privaban en México en ésta época, y segundo: los efectos moralizadores que traían las asociaciones para los artesanos.

Respecto al primero, el mutualismo preveía mediante las cotizaciones de los socios, la creación de un fondo para auxiliar a éstos en caso de enfermedad o muerte, y en algunos casos de falta temporal de trabajo o encarcelamiento. Las condiciones para hacerse acreedor a los beneficios eran, en apariencia, mínimas: cumplir con la edad límite, ejercer cualquier actividad honesta, asistir a las sesiones, desempeñar las comisiones que se les encargaban y cubrir puntualmente sus cuotas. El cumplimiento de este último requisito resultaba difícil ya que se les exigía el pago de múltiples cuotas como eran: el pago de inscripción y para el fondo de la caja de ahorros, pagos para el fondo funerario, etc. El atraso en el pago de las cuotas implicaba una pérdida de los derechos; la cantidad acumulada por el socio hasta ese momento quedaba en poder de la sociedad por lo que el socio no obtenía retribución alguna.

Con relación al segundo aspecto, o sea, de los efectos moralizadores, estas asociaciones se consideraban como un medio para fomentar la práctica de las virtudes, así como un freno para evitar los vicios. Creían que mejorando la calidad humana del trabajador a través de esta práctica, se podían mejorar las condiciones económicas que permitieran una movilidad en la escala social. Se pretendía, además, que el trabajador se percatara de la dignidad de su actividad pues, de esa forma, cobraría conciencia de su importante papel en la sociedad.

Con la aparición de la prensa obrera, El Socialista, en particular (1871) la propaganda a favor de la asociación se nutre de nuevos elementos.

La instrucción de los obreros pasa a ser una de las preocupaciones fundamentales de estas sociedades. De allí que frecuentemente se intente establecer escuelas nocturnas para adultos financiadas por las mutualidades. Cuando se señalan las ventajas de la educación, aparece el primer esbozo de lo que podría denominarse conciencia de clase, con las salvedades que adelante señalaremos.

La instrucción era a juicio de muchos escritores, el principal vehículo para que los obreros delimitaran sus intereses.

Bajo la denominación obrero quedaban comprendidas todas aquellas personas que tuvieran un modo honesto de ganarse el pan, es decir, artesanos, intelectuales y trabajadores asalariados. Esto se explica en gran medida por el propio grado de desarrollo económico del país. Numéricamente, el proletariado era escaso y concentrado en los incipientes centros industriales.
Para los años de 1870, la incipiente industria aún no había absorbido las demandas del mercado interno, por lo tanto no había desplazado al artesano de la producción. El artesano cubría una parte de la demanda interna que la producción industrial no alcanzaba a satisfacer, al cumplir las mismas funciones en una sociedad mercantil se identifican sus tareas y se engloba a artesanos y obreros como trabajadores en general.

Insertos dentro de una estructura capitalista, estos dos grupos se ven afectados de distinta manera por la producción industrial. Mientras, la explotación del obrero era más evidente: excesivas jornadas de trabajo, condiciones insalubres, maltrato por los patrones, salarios ínfimos, etc.; en el caso del artesanado los efectos se resentían en otra forma: se había limitado el radio de su producción, el preció de los artículos producidos disminuía y la amenaza de su desaparición se encontraba latente. La situación material de estos dos grupos sociales era deplorable y esta circunstancia uniría en cierta forma sus intereses.

La propaganda mutualista, dirigida a obreros y artesanos, denominados de manera general, trabajadores, reúne elementos que satisfacen parcialmente los intereses de estos dos grupos. Los matices que, a lo largo del siglo, tiene la propaganda mutualista, revelan la aparición o acentuación de las condiciones propias del desarrollo capitalista.

El mutualismo da por sentado un hecho: la existencia de capitalistas y trabajadores. La amplitud dada a este último término exigirá posiciones distintas frente al Capital. Por un lado se pretenderá que el mutualismo sea el medio que conduzca a la emancipación del trabajador convirtiendo a éste en capitalista. Es decir, se pensaba que una sociedad mutualista con suficientes fondos podía, inicialmente, formar talleres y, más tarde, pequeñas empresas.

Como puede deducirse de lo anterior, la oposición al capitalismo no era radical. El mutualismo, teóricamente, buscaba una sociedad más justa, pretendía la armonía entre todos los integrantes de la sociedad, fundándose en el razonamiento de que la sociedad para su funcionamiento requería la presencia tanto de capitalistas como de obreros.

La idea de convertir al obrero en pequeño propietario fue muy común en el siglo XIX, la realidad cotidiana, la gradual expansión del capitalismo impidieron la cristalización de estos ideales, lo que propició el desarrollo paralelo de otra idea de emancipación, comprendida dentro del mismo mutualismo.

A este respecto, señalaremos que buena parte de la propaganda mutualista es imprecisa, se habla en general del mutualismo como vía de emancipación, resaltando sobre todo la necesidad de organización.

La idea de organización iba cobrando un nuevo sentido al impulso del capitalismo; ante el fracaso de la idea original de convertir al obrero en pequeño propietario, se planteaba la necesidad de la organización como medio de defensa ante el capitalismo. La organización se entendía de diversas maneras: por un lado mediante la reunión de varios artesanos y obreros podía constituirse una cooperativa; por otro, implicaba el uso de otros instrumentos de defensa como era la huelga.

La cuestión de la huelga fue muy debatida. Periódicos como El Hijo del Trabajo, La Comuna, La Internacional, y en algunos casos El Socialista, se pronunciaban a favor de esta táctica. Otros periódicos como el caso de La Firmeza iban en contra por considerarlas lesivas al orden establecido.

De este aspecto organizativo deviene la identificación del mutualismo con el socialismo. No se trata, sin embargo, de una identificación mecánica. De los materiales publicados en la prensa obrera del siglo XIX sobre el socialismo, resaltan las exhortaciones a la unidad y organización de la clase obrera mediante la formación de sociedades mutualistas.

Aún cuando la investigación sobre las publicaciones obreras no puede considerarse agotada, la existente proporciona material abundante y suficiente para formar una idea de lo que teóricamente representaba la organización mutualista para los trabajadores. Sin embargo, el conocimiento de la práctica de estas organizaciones es bastante deficiente debido a las limitaciones que imponen las propias fuentes.

La información que pueden proporcionar los documentos oficiales es bastante limitada, ya que si bien la Constitución de 1857 asienta el derecho de libre asociación, no existía en la época un organismo gubernamental que se ocupara de legislar y mucho menos de registrar la aparición de sociedades de artesanos u obreras.

Dentro de la vida económica del país, en el siglo XIX el artesano y el incipiente proletariado, no eran las fuerzas más importantes, debido a ello, en la prensa obrera y en documentos de la época encontramos escasas referencias a la actividad concreta de estos elementos.

Existían, como ya mencionamos, noticias generales respecto a la deteriorada situación económica del artesano, por los efectos de la fundación de fábricas, etc.; así como señalamientos de los beneficios de la asociación, o de la aparición de algunas sociedades de socorros mutuos.

Se conoce, pues, que se fundan organizaciones de ayuda mutua pero se ignora su funcionamiento real, concreto.

En cuanto aparece la prensa obrera la información parece ampliarse, sin embargo, no hay que hacerse demasiadas ilusiones: abundan artículos a favor de la organización y del socialismo, son más raros aquellos que informen el número y origen social de los miembros de una sociedad mutualista. Los periódicos más importantes, por ser órganos de la clase obrera y de sus organizaciones en general, publican los materiales que las mismas sociedades envían, por lo tanto no existe una continuidad, ni siquiera una regularidad de noticias relativas a una misma sociedad. Se anuncian aniversarios y fundaciones, se publican discursos y actas de sesiones, etc.; poco es, sin embargo, lo que puede reunirse sobre una sola sociedad.

No obstante la fragmentación de los datos, se ha podido sistematizar una parte de ellos para presentar de una manera global el desarrollo del mutualismo, y ejemplificar el funcionamiento concreto de estas sociedades.

*Leticia Barragán, Rina Ortíz y Amanda Rosales. El mutualismo en México Siglo XIX
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