4 sept. 2007

La Deuda Externa

NOTA. este artículo llegó a nuestro correo y lo publicamos dada la importancia y actualidad que tiene, el autor no nos dijo su nombre, sin embargo le agradecemos su colaboración.

Postura ética ante la injusticia de la deuda

El endeudamiento de los países pobres alimenta una realidad de muerte y sufrimiento de pueblos y personas que son utilizados como depositarios de unos compromisos que ellos jamás han asumido. Los pilares de una ética cívica que se hace cargo del problema de la deuda externa convergen en uno fundamental: la defensa de la dignidad de la persona. Ello exige trabajar por que se creen las condiciones para que toda persona viva y goce de una vida digna, y éste es un asunto que nos incumbe a todos. Dignidad, pues, se contrapone a precio y se sitúa frente a las leyes que rigen el intercambio de mercancías.

No en vano la solidaridad nos recuerda que, en este mundo, todos somos responsables de todos. Por lo tanto, en esta cuestión, la solidaridad supone la toma de conciencia y la aceptación de una corresponsabilidad en la deuda internacional, tanto respecto de las causas como de las soluciones. En efecto, las causas del endeudamiento son internas y externas a la vez; son específicas de cada país y de su gestión económica y política, pero provienen también de la evolución del panorama económico internacional, que depende ante todo de los comportamientos y decisiones de los países desarrollados. Reconocer que se deben compartir las responsabilidades en las causas hará posible un diálogo para encontrar las soluciones conjuntamente. Por lo demás, la corresponsabilidad considera el futuro de los países y los pueblos, pero también las posibilidades de una paz internacional basada en la justicia. La defensa de la dignidad de todo ser humano se expresa en otros argumentos complementarios:

Defensa de los derechos humanos de tercera generación. Existe un proceso histórico desde el cual podemos comprender el desarrollo de los derechos humanos y los valores fundamentales que acompañan a cada una de las denominadas tres generaciones: si la libertad individual acompañó a la primera generación de los derechos humanos, y la igualdad inspiró la segunda generación, la tercera generación de los derechos humanos saca a la luz los principios inalienables sobre el medio ambiente, la paz y el desarrollo. Estos últimos son aquellos donde la humanidad se juega su propia viabilidad como planeta, son los que cuestionan los grandes desequilibrios de nuestro mundo y los que nos urgen a vivir y pensar de otro modo. En este espacio el valor clave sigue siendo la solidaridad. El principal reto ecológico de nuestro mundo debería consistir en asegurar la vida digna de la humanidad. La deuda externa pone en peligro esos mínimos de vida digna para buena parte de los pueblos más empobrecidos de la Tierra.

Defensa de la justicia social, que va más allá de los modelos capitalistas de justicia conmutativa y distributiva. La justicia social, que hace una pública e incondicional apuesta por los perdedores y por los últimos, está basada en la igualdad y hermandad de los hombres y en la universalidad de sus derechos esenciales. Apunta a la consecución del bien común, que no proviene de los dictados de ningún Estado sino que se expresa en la posibilidad de que el otro exista y tenga cabida en el mundo de los vivos. Por eso, en la selección de las decisiones a adoptar para el pago de la deuda, que deben comportar medidas de austeridad también en el Norte, se habrá de estudiar su impacto sobre las poblaciones más pobres y arbitrar las que les ayuden a asumir un papel activo en su propio desarrollo, contribuyendo así, por su parte, a la reducción progresiva de la deuda.

Defensa de la participación de la sociedad civil para generar una cultura de la solidaridad transformadora de la realidad. Movilizarse en favor de la condonación de la deuda externa y hacer llegar estas reivindicaciones a las esferas de poder políticas y económicas, implica asumir un espacio de profundización democrática en nuestro país, supone inyectar de sentido y presencia a la sociedad civil, y compromete la vertebración de un tejido social despierto y atento a la humanización de nuestro mundo. La búsqueda de soluciones para superar el endeudamiento incumbe, ante todo, a los actores financieros y monetarios, pero también a los responsables políticos y económicos. Todas las categorías sociales están llamadas a comprender mejor la complejidad de las situaciones y a cooperar en las opciones y en la realización de las políticas necesarias. Nadie puede sentirse ajeno a esta cuestión.

Tomar conciencia de las dimensiones y la significación de este problema ha de producirse en cada persona, junto a un serio examen de nuestros comportamientos individuales y sociales, y de nuestro estilo de vida ya que, con frecuencia, están relacionados con el destino de los millones de personas empobrecidas que viven en otros lugares, aún lejanos. La solidaridad con el otro ha de traducirse en una toma de postura crítica con respecto a nosotros mismos y a nuestra sociedad.

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