4 sept. 2007

El cambiante escenario Latinoamericano (2)

El cambiante escenario latinoamericano

Prof. Dra. Esther Aguilera Morató-Vicepresidenta para las Relaciones Internacionales

Paraguay, Mayo de 2007

La CAN sufrió la salida de Venezuela, y Colombia negocia acuerdos bilaterales con Estados Unidos y se incorpora al Plan Puebla – Panamá, mientras importantes movilizaciones de movimientos sociales invaden sus calles rechazándolo. El Perú se apresura por ser el primero en firmar el TLC con Estados Unidos enfrentado a organizaciones indígenas y sindicales en auge de resistencia y combatividad; por su parte en el bloque centroamericano surge un disidente: Nicaragua, que busca nuevos derroteros al margen del MCCA y Costa Rica aprueba un plebiscito por presiones de poblaciones campesinas, académicos y otros trabajadores urbanos para decidir su fatal incorporación al CAFTA-RD. El México del TLCAN firma una importante ampliación de su acuerdo bilateral con la Argentina como puente hacia un futuro acuerdo MERCOSUR mientras sufre una crisis de gobernabilidad y se divisa con mayor claridad el fracaso de las promesas del libre comercio. Venezuela, declara la construcción del Socialismo del Siglo XXI. Bolivia, el más pobre país andino y uno de los más ricos en recursos naturales dirigido hoy por un presidente de fuerte raíz originaria nacionaliza sus recursos naturales, encaminando sus ingresos hacia una distribución de las riquezas. Cuba, deja de ser la solitaria defensora de una trinchera acosada recupera su economía y emprende una batalla de ideas con programas sociales que ratifican la justeza del socialismo.

Mientras tanto, el ALCA quedó prácticamente sepultada en la Cumbre de las Américas celebrada en noviembre de 2005 en Mar de Plata y ante su fracaso Estados Unidos dirigió sus acciones a concretar TLC bilaterales o con pequeños grupos.

En este cambiante panorama se decide el pasado 17 de abril durante la I Cumbre Energética de la Región, efectuada en la isla venezolana de Margarita crear la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR), con la participación de 12 naciones lo que proclama el inicio de un proceso de integración energética que deberá partir de la recuperación de la soberanía sobre los recursos naturales. Una nueva propuesta también se proyecta y trata la creación de una organización de países exportadores de gas.

América Latina está atravesando por momentos de grandes definiciones. En un polo los que apoyan la integración regional con determinante participación del Estado en las decisiones económicas y sociales y que tienen en su base la complementariedad apoyada en un fuerte principio solidario y en el otro los que apuestan por la continuidad de las políticas neoliberales y la subordinación a los intereses imperiales. Un grupo se mueve hacia una integración latinoamericana con objetivos dirigidos al desarrollo en post del alivio de la inmensa deuda social que tienen con sus pueblos. Otros apoyan la profundización del libre Comercio, las privatizaciones y tienen como eje principal a los Estados Unidos. Un tercer grupo se haya en una línea divisoria e inclina sus naves según sopla el viento.

Pero lo que los hechos ya evidencian es que siguiendo los caminos de la integración, uniendo sus enormes riquezas naturales y humanas América Latina puede dar un vuelco al progreso. Para ello se impone un modelo de integración latinoamericana y caribeña contra hegemónico, que ponga el énfasis en la lucha contra la pobreza y la exclusión social y por lo tanto exprese los intereses de los pueblos latinoamericanos.

El ALBA se fundamenta en la creación de mecanismos para crear ventajas cooperativas entre las naciones que permitan compensar las asimetrías existentes entre los países del hemisferio. Tiene en su base la cooperación de fondos compensatorios para corregir las disparidades que colocan en desventaja a los países débiles frente a las primeras potencias. Por ello esta propuesta le otorga prioridad a la integración latinoamericana y a la negociación de bloques subregionales, abriendo nuevos espacios de consulta para profundizar el conocimiento de nuestras posiciones e identificar espacios de interés común que permitan constituir alianzas estratégicas y presentar posiciones comunes en el proceso de negociación. Es una propuesta alternativa basada en la solidaridad que tiene su foco en lo social, privilegia la propiedad estatal y el papel del Estado, respeta los acuerdos previos y diversifica relaciones, compite con el modelo dominante, persigue beneficios económicos mutuos, transferencia tecnológica y equilibrio comercial.

Es imposible en este breve espacio hacer un recuento de las acciones concretadas ya. En la reciente cumbre ALBA-TCP efectuada en Barquisimeto la delegación cubana sintetizó así los pocos más de 2 años de integración solidaria.

· 30 mil médicos cooperando en los servicios de salud y 70 mil jóvenes formándose como médicos.

· 2 millones de latinoamericanos han aprendido a leer y escribir.

· Más de 600 mil personas operadas en menos de 3 años que hoy pueden ver el mundo en que vivimos.

· Técnicos y profesionales de un país trabajando en otros países, sin presupuestos millonarios, ni casas amuralladas con piscinas.

· Intercambio comercial que crece sin aranceles ni barreras absurdas.

· Empresas mixtas, sin espíritu de ave de rapiña, pensando en el beneficio de los pueblos y no en el lucro de los propietarios.

· Préstamos, facilidades comerciales, inversiones, acceso sin restricción a los adelantos de la ciencia, sin que los conocimientos sean también objetos del mercado.

· Suministro estable de combustibles con facilidades financieras y con un claro concepto de generosidad solidaria.

Otros proyectos apuntan hacia sectores vitales como la creación del Banco del Sur para terminar con el absurdo de que nuestros países financien con sus reservas monetarias depositadas en Estados Unidos los déficit de la economía norteamericana y que parte del dinero allí depositado retorne a la región en forma de préstamos con elevados intereses e irritantes condicionalidades y vigilados por el FMI, el Banco Mundial o el BID.

Ya se cuestiona el sistema de reparto de poder en el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Después que Argentina y Brasil pagaron sus deudas al Fondo, México no tiene préstamos de ese organismo y Venezuela alerta su rompimiento con esa institución. Se comienza a hablar de una pérdida de relevancia del Fondo en la región y se cuestiona su efectividad y legitimidad. Sus ingresos están bajando; el FMI no tiene siquiera para pagar a su alrededor de 2500 funcionarios que son bien remunerados para aconsejar a los países más pobres que reduzcan la remuneración de sus funcionarios, y más allá del escándalo Wolfowitz el Banco Mundial nunca ha estado como hoy, tan debilitado.

Francamente pienso que los países de América Latina podrían abandonar definitivamente el FMI. Su participación le sirve de poco. Los votos de los países subdesarrollados no alcanzan para incidir sobre sus decisiones. Tanto el Banco como el Fondo están controlados por los Estados Unidos, Japón y la Unión Europea. Es el momento de tener un Banco multilateral y común totalmente controlado por los países de América Latina y el Caribe.

La reciente cumbre realizada en la Isla Margarita aprobó en el marco del ALBA el desarrollo de grandes campos de hidrocarburos en Ecuador con la participación de PDVSA y la explotación de la faja petrolera del Orinoco, así como la construcción de una refinería con capacidad para procesar 200 000 barriles de crudo diarios y la creación de una empresa mixta en el sector del gas.

Como ustedes conocen el documento firmado con Paraguay permitirá evaluar la edificación de una refinería en este país y construir una empresa mixta que desarrollará actividades industriales y comerciales a partir de procesamiento de hidrocarburos bajo el agua. Otros importantes acuerdos se han firmado con Colombia, Bolivia y Brasil.

El ALBA aporta ya algunas lecciones interesantes por lo alcanzado hasta ahora y aún más, por el potencial que encierra en lo que puede conducir a una verdadera integración.

La primera lección, quizás la más importante, es que la integración regional tiene que ser dirigida por el Estado en el compromiso de independencia y desarrollo, donde el patrón de acumulación fundamental lo aporte la nacionalización de los recursos fundamentales. La verdadera integración tiene que andar indisolublemente ligada a la nacionalización. Los caminos que a ella conduzcan y las modalidades que adopte podrán ser variados. Múltiples alianzas podrán y deberán establecerse en el largo camino de la integración, pero solo aquella que tenga en su base la propiedad social sobre los principales recursos permitirá el trato preferencial a los países de menor desarrollo, el cese del intercambio desigual y la erradicación de la enorme deuda social acumulada.

Otra lección, sería que la integración regional no puede ser con Estados Unidos ni tampoco con la Unión Europea. El gobierno y las transnacionales de esos países tienen su proyecto para integrar a la región como área de explotación financiera y comercial y abastecedora de petróleo, gas, agua, biodiversidad y enclave de bases militares. Para ello construyeron el proyecto ALCA y su engendro los Tratados de Libre Comercio. Que no son tratados sino imposiciones, que no son libres, pues no reconocen la necesidad de tener en cuenta las asimetrías y que por supuesto no son ni mucho menos, sólo sobre temas comerciales.

América Latina posee más del 10 % de las reservas de petróleo en el planeta y alrededor del 14 % de la producción, mientras solo se adjudica el 8,3 % del consumo global. Si consideramos también las reservas de gas arribamos al 80% de las reservas dentro del continente americano, lo cual nos sitúa en una posición ventajosa como proveedor de energía.

El 11.5 % de todas las reservas petrolíferas del planeta están distribuidas entre Venezuela, México, Brasil, Ecuador, Colombia, Bolivia, Perú y Argentina. Poseemos el 47 % de las reservas de agua potable del orbe, sustancia considerada como recurso estratégico de este siglo y los venideros. Según informe presentado en el Foro Social Acuífero Guaraní, la tercera reserva de agua potable del planeta que abarca una superficie alrededor de 1 194 000 km2 está bajo la superficie de Brasil, Paraguay, Uruguay y Argentina. Es entonces comprensible por qué Estados Unidos, que tiene el 40 % de sus ríos y lagos contaminados y un déficit de agua subterránea calculada en 13 600 000 de m3, estaciona sus bases militares en zonas de reservas acuíferas y construye el proyecto ALCA y su engendro los TLC.

Hoy Estados Unidos, uno de los mayores consumidores y derrochadores de combustible probado del mundo, (sépase que un norteamericano promedio consume en un año casi 8 veces más petróleo que un latinoamericano y 21 veces más que un africano), centro de las cooperaciones petroleras, las trasnacionales que controlan el comercio agrícola y las semillas transgénicas y las empresas automovilísticas optan por la energía renovable. Para ello argumenta que están inmersos en la batalla por sustituir petróleo, un combustible contaminante y no renovable por combustible renovable que no dañe el medio ambiente. Sin embargo; la verdadera razón hay que buscarla en el temor a la dependencia del petróleo que importan de los países que hoy recuperan sus principales recursos para el bienestar de su pueblo como Venezuela, en otros que no se dejan amedrentar por las amenazas del imperio como Irán o por el fracaso de la guerra de Irak que ha impedido que Estados Unidos se apropie de su petróleo y por las dudas que le crea la situación en Nigeria, Arabia Saudita y Angola.

Próxima entrega "¿cómo mantener el actual patrón consumista del primer mundo y garantizar la alta tasa de ganancia de los consorcios petroleros, el agronegocio y la industria automovilística?"

Publicado por Fabio Alberto Cortés Guavita. Presidente de COLOMBIAMUTUAL

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