5 ago. 2007

El cambiante escenario latinoamericano (1)


Prof. Dra. Esther Aguilera Morató-Vicepresidenta para las Relaciones Internacionales

Paraguay, Mayo de 2007

El mundo en que vivimos

Vivimos en un mundo polarizado y excluyente, anclado en un fabuloso desarrollo de la ciencia y la tecnología: 6200 millones de personas habitan en él, de ellos 1300 millones padecen hambre, 500 millones viven solamente 40 años, 1000 millones están desempleados, 845 millones son analfabetos y 1400 millones carecen de agua potable. El 65% de la humanidad nunca ha hecho una llamada telefónica y un 40% de la población no tiene acceso a la energía eléctrica. Aún, lo más terrible: cada día mueren 30 mil niños que pudieran salvarse y anualmente 500 mil quedan definitivamente ciegos por falta de vitaminas.

El Banco Mundial nos informa que el 20% de la población controla el 80% de la economía del planeta que la esperanza de vida en los países desarrollados es superior en 30 años a la de los subdesarrollados y que sus gastos en salud lo superan en 40 veces.

El abismo crece, no se reduce. La diferencia de ingresos entre los países más ricos y más pobres que era de 37 veces en 1960 es hoy 74 veces.

El daño causado al ecosistema es enorme y el desgaste de los recursos energéticos y las reservas naturales comprometen el destino de las futuras generaciones.

Esta es una realidad irrebatible, aceptada incluso por aquellos que participan de sus causas.

La encrucijada latinoamericana

Nuestra región, la América Latina de las venas abiertas, con 570 millones de habitantes y una historia de explotación, coloniaje, fracasos y esperanzas posee el triste privilegio de ser la de mayor desigualdad del mundo, donde 96 millones de personas viven en condiciones de pobreza extrema mientras que el 20% de la población recibe un ingreso que es 19 veces superior al 20% más pobre. Esta región rica en recursos naturales e infinita en su diversidad, mantiene 41 millones de niños menores de 12 años sumidos en la indigencia y 22 millones de ellos trabajando en agotadoras jornadas, 35 millones mueren en su primer año de vida por cada mil que nacen vivos, mientras que el 13% de la población es analfabeta en la era del super desarrollo tecnológico. La región ostenta el promedio de 300 homicidios por millón de habitantes, lo que duplica el promedio mundial y refleja la situación de extrema pobreza o lo que es lo mismo de extrema desesperación.

Su disciplina en la aplicación del programa neoliberal ha sido elogiada por organismos multilaterales y gobiernos de países desarrollados mientras que su crisis se evidencia a través de diferentes formas.

Es conocido que en el año recién concluido el crecimiento promedio regional fue de 5,3%, provocado fundamentalmente por una favorable coyuntura externa para sus exportaciones de productos primarios y alimentos y en el cual influyó el alto crecimiento del Producto Interno Bruto de la República Bolivariana de Venezuela, que alcanzó un incremento del 10% y de Argentina que logró el 8,5%.

La CEPAL ha calificado los años 2003 y 2006 como los de mayor desempeño económico y social de América Latina en los últimos 25 años. Sin embargo; un simple análisis de las estadísticas develan que tras casi tres décadas de implementación de políticas neoliberales en la región, el avance social más espectacular ha sido el de regresar al % de pobres que había en 1980, entonces del 40,5% de los latinoamericanos, hoy del 39,8%, lo que significa en términos absolutos un número superior a 73 millones en el año 2006. Si nos detenemos en el número de indigentes, la cifra es de 81 millones con relación a 62 millones en 1980. Una apretada síntesis nos muestra que América Latina sigue siendo la región del mundo con la más regresiva distribución del ingreso, con altas cifras de desempleo y deuda externa, participación de las empresas transnacionales en el control de la economía, pobreza e indigencia, delincuencia, inseguridad ciudadana, homicidios y corrupción. Sus logros se limitan a la reducción de la inflación y el déficit fiscal. Más de lo mismo.

¿QUÉ ES ENTONCES LO QUE HA CAMBIADO EN LA REGIÓN, POR QUÉ TITULAMOS NUESTRA COMPARECENCIA: EL CAMBIANTE ESCENARIO LATINOAMERICANO?

Que el neoliberalismo está en crisis en América Latina no es noticia. A su fracaso económico y a su tragedia social, hay que agregarle la ruptura de la capacidad para dominar la política electoral que le permitió gobernar y legitimarse como democracias neoliberales. Rebeliones populares en su contra y derrotas electorales revelan su tendencia declinante.

Y es evidente, que no se trata solamente del inicio de un nuevo ciclo de protestas sociales. Este aparece hoy en día representado por sujetos sociales con características diferentes de aquellos que ocuparon la escena pública en el pasado y coinciden en el tiempo con el crecimiento del conflicto en otras regiones del planeta. Ahora el auge de la protesta social y la emergencia y consolidación de nuevos movimientos sociales convergen en diferentes procesos de confrontación social que provocaron caídas de gobiernos, profundas crisis políticas y fracasos de acciones de evidente corte neoliberal.

Los movimientos campesinos en Paraguay que jugaron un papel importante en la caída de presidente Cubas Graus (1999); las rebeliones populares en Ecuador en 1997 y el levantamiento indígena en el año 2000 que culmina con la caída de Jamil Mahuad; la experiencia de los Frentes Cívicos Regionales que signaron el fin del régimen de Fujimori (2000); la extensión del movimiento de piqueteros y las protestas de los trabajadores del sector publico en Argentina que desencadena la renuncia de De la Rua a finales del 2001 así como la Guerra del Gas en Bolivia que culmina con la renuncia de Sánchez de Losada, son algunos ejemplos que ilustran esa realidad.

En procesos electorales obtienen victorias candidatos con discurso contrario a la política neoliberal. El neoliberalismo ya no disfruta del dominio electoral de las dos últimas décadas del siglo pasado cuando era la única opción y a las urnas se iba a buscar más de lo mismo.

Consecuente con este proceso, en nuestra América se producen cambios que abren nuevas perspectivas en la construcción de un espacio diferente y se levanta un eje que despierta la esperanza de los pueblos y coloca en alerta a los explotadores.

Hace apenas dos años Cuba y Venezuela eran los dos únicos socios de lo que entonces se vislumbraba como un proyecto: la Alternativa Bolivariana para las Américas, (ALBA); Chile continuaba con una audaz carrera de acuerdos extra ALADI; México estaba concentrado casi exclusivamente en el Tratado de Libre Comercio de las Américas, (TLCAN); el MERCOSUR estaba integrado por cuatro socios, la Comunidad Andina de Naciones contaba con Venezuela como importante miembro del Pacto, Centroamérica actuaba como un bloque de subordinación a Estados Unidos y éste se empeñaba en sostener un agonizante engendro para la recolonización de América Latina: el ALCA, teniendo a su favor el poderío norteamericano, la aceptación por algunos gobiernos del “saqueo dialogado” y el ancho espacio de privatizaciones y liberalización de mercados que dos décadas de política neoliberal habían establecido. Aún el coloso del norte no se había hundido de tan ingloriosa manera en el pantano de la guerra de Irak.

Hoy, cuando realizamos este Foro que festeja el sexagésimo primer aniversario del Colegio de Graduados en Ciencias Económicas del Paraguay constatamos una situación bien diferente.

A la Alternativa Bolivariana para las Américas se sumaron Bolivia y Nicaragua cuyos gobiernos con claros discursos antineoliberales fueron elegidos en transparentes elecciones y ha dejado de ser un proyecto para concretarse en importantes programas donde participan países como Brasil y Argentina que rompieron con el Fondo Monetario Internacional; Ecuador que inicia un programa de independencia nacional, Uruguay y Paraguay que se plantean proyectos soberanos, así como varios países del Caribe que se revelan ante los esquemas históricamente impuestos.

El MERCOSUR además de Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay cuenta con Venezuela como nuevo socio. Chile el país trasandino culminó el proceso para formar nuevamente parte de la CAN que abandonara en 1976.

Próxima entrega La CAN sufrió la salida de Venezuela, y Colombia negocia acuerdos bilaterales con Estados Unidos y se incorpora al Plan Puebla – Panamá

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