13 may. 2007

CAMBALACHE AL MEDIO AMBIENTE

"La paz en Colombia pasa hoy más que nunca por la urgente necesidad de convencer a los poderosos de que estamos asumiendo la responsabilidad de cuidar nuestros recursos naturales"
Fabio Alberto Cortés Guavita

"Que el mundo fue y será una porquería, ya lo sé, en el quinientos seis y en el dos mil también" Este verso extractado del viejo tango ‘Cambalache’ del maestro Enrique Santos Discépolo, me conduce a pensar que ya en 1930 alguien futuristamente vislumbraba lo que sería del mundo por culpa de las naciones poderosas, las cuales sacrificaron -en aras del tipo de progreso y de la vida que escogieron- los recursos naturales del Planeta Azul.

Las últimas dos décadas, sin embargo, han sido escenarios desde el cual observar una creciente preocupación por el ambiente y sus efectos en el ser humano. Grupos e ecologistas de todo tipo de inspiración han surgido por centenas y los políticos de algunos países empiezan a observar con preocupación el impacto creciente planteado en los argumentos ambientalistas.

La investigación de fenómenos viejos –como el del tango- hizo que estos se convirtieran en problemas serios y actuales, lo cual ha estimulado a los defensores del ambiente y les ha permitido –en algunos casos- acceder a los medios masivos de comunicación. La percepción política popular que se tiene al finalizar la guerra fría, hizo el resto: el mundo se percató de que el Planeta está en peligro y que la existencia de la raza humana puede llegar a su final.

La tesis poco divulgada de lo que estaba ocurriendo, conocida por los expertos desde muchos años atrás, se hizo popular... la capa de ozono, el efecto invernadero y la desertificación se han convertido en lenguaje cotidiano y por tal en preocupación de mayorías cada vez más importantes.

Pueblos que destruyeron la mayoría de sus riquezas forestales y que siguen barriendo con la lluvia ácida y el glifosato lo poco que les queda... empezaron a buscar "culpables". Lo más serio es que están "convencidos" de quienes son, y han empezado a dirigir la presión contra tales "responsables".

Naciones que se han fortalecido internamente esgrimiendo armas y levantando banderas para enfrentarse a otros países que amenazan su seguridad nacional, han empezado a señalar a los culpables pidiendo que practiquen políticas ambientalistas que garanticen la perpetuidad del planeta. Típico como nos es dado a los humanos, se busca el culpable externo y se ignora la responsabilidad interna propia, es decir, retomando el viejo adagio popular ‘se busca el ahogado río arriba’.

La paz en Colombia pasa hoy más que nunca por la urgente necesidad de convencer a los poderosos de que estamos asumiendo la responsabilidad de cuidar nuestros recursos naturales, en particular nuestros bosques. Esta labor de convencimiento debe preceder a cualquier presión que inicie el proceso. El cual pretenderá convertir a los países del bosque húmedo tropical en enemigos de la humanidad y en potenciales responsables de la desaparición de la raza humana. No debemos olvidar que nuestro país nunca ha sido respetado por las potencias de turno; que se nos considera blanco de la intervención y que ésta sería para los interventores justificada, si se practica en aras de la defensa del genero humano.

El Cooperativismo en el mundo ha asumido, en algunos países, a partir de 1.980, en el Congreso de la Alianza Cooperativa Internacional celebrada en Moscú, un proceso de reflexión sobre lo que corresponde hacer para ayudar a resolver los problemas más apremiantes de la sociedad humana.

Producto de aquel Foro es el documento "Las Cooperativas en el año 2.000". LARS MARCUS, el eminente cooperativista manifestó en aquel Foro: "Los temores acerca del medio ambiente han ido creciendo durante mucho tiempo, y sólo la ignorancia puede explicar que no todos estemos aterrorizados. Cada vez es mayor el número de los que ven los riesgos, pero es poca lo que pueden hacer para conjurarlo. Buena parte de nuestra impotencia se convierte en ira y se canaliza hacia acciones agresivas.

No confiamos en el alimento que comemos ni en el agua que bebemos: están contaminados por daños naturales o por aditivos. No confiamos en el aire que respiramos, está lleno de polución por la combustión de las máquinas y de las industrias. No confiamos en el sol; el firmamento ha sido afectado por el uso del freón y ahora se escapan rayos cancerígenos. No confiamos en los lagos ni el mar, se utilizan como deposito de residuos nucleares o están contaminados por las lluvias ácidas. Lo mismo ocurre con los bosques.

El olvido de la armonía ecológica por nuestra generación está arrojando una gran sombra hacía el futuro. Esto no mejora por el hecho que muchos hombres y mujeres inocentes pero ignorantes, consideren estos males producidos por el hombre, como destino inevitable. Crece el desafió para los solidaristas.

Allí en aquel documento se determina con claridad diamantina y con prioridades de acción, la producción de alimentos la generación de fuentes de producción y trabajos, se asume diáfanamente la defensa del medio ambiente y se reitera su compromiso con la tarea de la preservación de la paz.

Estas cuatro variables se deben conjugar en un solo frente de acción: la Entidad Solidaria ambiental, una entidad creada por con entes jurídicos como las Alcaldías Municipales, Comités de Cafeteros, Cooperativas de Reciclaje, y en general empresas sociales y solidarias, y personas naturales deseosas de trabajar en esta área. La Entidad Solidaria ambiental liderará un proceso inicialmente en la región, posteriormente la llevaremos en el ámbito nacional. Desde allí propugnaremos por la defensa del ambiente, la reforestación de las cuencas, seremos fuentes de empleo y lucharemos porque los alimentos estén descontaminados y definitivamente coadyuvaremos a la preservación de la paz; a partir del principio universal de estar en paz con la naturaleza para así poder estar en paz con los hombres.

No podemos quedarnos en esfuerzos aislados o en campañas publicitarias y cívicas que en la mayoría de los casos sólo buscan mejorar la imagen de las instituciones olvidándose del objetivo fundamental, por eso creo que respecto a la ecología, todos estamos en mora de incorporarla a la vida cotidiana y que ha llegado la hora de elaborar y practicar políticas ambientalistas que cubran dos frentes: uno, proteger nuestro planeta, y dos, evitar el pretexto de quienes refuerzan su integración interna, creando enemigos externos.

Esta, como muchas acciones colombianas fundamentales, debe ser tarea de equipo de nuestras regiones, bajo la consigna que estamos contribuyendo positivamente a la paz de la tierra, practicando la paz con la tierra.

Evitemos la catástrofe, parafraseando el tango, "que éste mundo fue y será una porquería". Recordemos que un frailejón tarda en promedio 40 años en crecer un metro, que las llamas que prenden los campesinos para regenerar los pastos, destruyen en unas horas, cientos de ellos, arrasando además con la fauna de los páramos y matan los musgos y cojines, vitales para el nacimiento de las aguas.

Entendamos que se reclama el inicio de un galopante proceso educativo que siembre en el mundo contemporáneo las bases de una alternativa justa y humana, solidaria y creativa, capaz de neutralizar los desaforados daños que les hemos causado a la naturaleza y a la raza humana.

La invitación es para reflexionar, necesariamente debemos involucrarnos en la lucha por la supervivencia, aceptemos el reto, el Solidarismo Colombiano está obligado a revisar sus propias fuerzas, como simple conducta de sensatez, para ponderar su capacidad de cumplir con su tarea, nosotros debemos verificar nuestros efectivos como fuerza social, construyamos un verdadero sector de defensa del ecosistema, diferenciándolo de los que, con criterios oportunistas, pregonan sus principios y al amparo de unas políticas de lucro y especulación pretenden negociar con el futuro de nuestro planeta.

Para impulsar y desarrollar la Entidad Solidaria ambiental se requiere de un gran número de dirigentes, voluntarios, hombres y mujeres no sólo para que conduzcan a resultados concretos si no para que contribuyan a la creación de una nueva sociedad comprometida con la vida. En las Cooperativas, en las Mutuales, así como en otros movimientos populares, adictos a la democracia y al respeto hacia los demás, es necesario encontrar cualidades. La sociedad circundante es a menudo negligente frente a las necesidades de los seres humanos.

En las empresas Sociales y Solidarias se encuentra la actividad educativa para sus asociados, a fin de reafirmar sus posiciones y entender que "la ayuda a otros" es un valor básico que pertenece a nuestra naturaleza como organizaciones de ayuda mutua, es eso lo que marca la diferencia entre nosotros y quienes desarrollan su actividad con fines meramente lucrativos.

Con el ánimo de no confundir a nadie debo señalar que ser entidad sin ánimo de lucro, no significa desarrollar gestión empresarial sin excedentes, ¡no! Hay que generar riqueza y significa que los excedentes no se reparten; se emplean en desarrollo de capacitación, educación y solidaridad, se retornan a los asociados en servicios y se pueden dedicar a preservar el ambiente en aras de un desarrollo sostenible.

Debo señalar igualmente que cuando se trata de Mutualismo, de Cooperativismo o de Solidarismo, ordinariamente se le enmarca en un contexto social, económico, político e histórico, pero prácticamente es nula su participación en el contexto del medio ambiente, por ello queremos retomar los conceptos de "Cooperativas del año dos mil". La necesidad de conservar los recursos naturales y de controlar la contaminación y el éxodo de la población rural hacia las ciudades.

Finalmente veamos que los dirigentes de un régimen democrático deben saber que la existencia de la democracia será posible en razón de la validez, que se le dé al efectivo disfrute de los derechos humanos, y que el primero de ellos debe ser; el derecho a vivir en un mundo sano, en un ambiente con norte indiscutible: La vida en el planeta depende de lo que nuestros pueblos hagan, y así no tendremos que cantar "Que el Siglo XX es un despliegue de maldad indolente" si no que el Siglo XXI será el siglo de bondad en el ambiente. De amor por la naturaleza, de responsabilidad y compromiso frente al desarrollo sostenible del Planeta Azul.
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